Quizá cuando el alma se cansa no se va a ninguna parte.
Se queda ahí.
Solo que deja de participar.
De pronto ya no quieres explicar lo que sientes.
Ni entender por qué alguien hizo lo que hizo.
Ni encontrar la razón por la que sigues pensando en aquello que juraste que ya no te importaba.
Te cansas de darle vueltas a las mismas historias esperando que, esta vez, aparezca una respuesta diferente.
Y quizá no es que estés perdida.
Quizá estás cansada de buscarte en lugares donde llevas demasiado tiempo sin encontrarte.
Porque hay un cansancio que no viene de haber hecho demasiado.
Viene de haber sentido demasiado durante demasiado tiempo.
De estar pendiente.
De interpretar.
De esperar.
De intentar leer entre líneas.
De preguntarte qué quiso decir, por qué no escribió, por qué volvió, por qué se fue, por qué tú sigues ahí.
De construir explicaciones para poder soportar lo que no puedes controlar.
Y llega un momento en que hasta las preguntas cansan.
Ya no quieres saber.
Quieres dejar de pensar.
Y eso puede asustar.
Porque hemos convertido el entendimiento en una especie de salvavidas. Creemos que si conseguimos comprender algo podremos dejar de sentirlo.
Pero no siempre funciona así.
Hay cosas que entendemos perfectamente y seguimos sin aceptar.
Sabemos que alguien no nos da lo que necesitamos y aun así esperamos.
Sabemos que una historia terminó y seguimos imaginando conversaciones que nunca tendremos.
Sabemos que estamos agotadas y, aun así, nos exigimos volver a ser las de antes.
Como si estar cansada fuera un inconveniente que hubiera que solucionar cuanto antes.
Como si parar significara perder.
Como si siempre hubiera que estar haciendo algo con lo que nos pasa.
Aprender.
Crecer.
Sanar.
Cerrar.
Avanzar.
Qué agotamiento también, tener que convertirlo todo en un proceso.
A veces no hay ningún proceso.
A veces estás triste.
Y ya.
A veces echas de menos a alguien que sabes que no quieres de vuelta.
A veces deseas algo que sabes que no te conviene.
A veces quieres quedarte y marcharte al mismo tiempo.
A veces amas y estás cansada de amar.
Y quizá la parte más difícil consiste en permitir que dos cosas contradictorias sean verdad a la vez.
No todo tiene que resolverse.
No todo tiene que llevarnos a una conclusión.
Hay días en los que quizá el alma solo quiere que dejes de pedirle explicaciones.
Que no le preguntes qué viene después.
Que no le exijas ilusión.
Que no la empujes hacia una nueva versión de ti misma.
Que la dejes sentarse.
Y quizá entonces descubres algo que no habías querido mirar:
que no estabas cansada de la vida.
Estabas cansada de la vida que estabas intentando sostener.
De ser quien siempre comprende.
Quien espera.
Quien puede.
Quien se adapta.
Quien encuentra el lado bueno.
Quien convierte cada ausencia en una oportunidad para aprender algo sobre sí misma.
Hay una hora, a veces, en la que simplemente ya no puedes seguir haciendo de ti la persona que los demás necesitan.
Y no ocurre nada espectacular.
No se abre ninguna puerta.
No aparece ninguna señal.
Solo hay silencio.
Y en ese silencio empiezas a escuchar cosas que llevaban mucho tiempo debajo del ruido.
Un no.
Un basta.
Un esto ya no.
Un yo no quiero seguir aquí.
Y también, quizá, un deseo que todavía no sabe cómo llamarse.
Por eso no creo que siempre haya que perseguir al alma cuando se recoge.
Quizá hay que dejarla tranquila.
Dejar que duerma.
Que llore.
Que se enfade.
Que eche de menos.
Que se equivoque.
Que no tenga respuestas.
Que durante un tiempo no sepa quién quiere ser.
Porque quizá volver a ti no consiste en recuperar a la persona que eras antes de cansarte.
Quizá consiste en dejar de sostener a aquella que construiste para poder atravesar todo lo que vino después.
Y cuando esa mujer ya no pueda más…
quizá no tengas que salvarla.
Quizá solo tengas que sentarte a su lado.
Sin pedirle que vuelva.
Sin preguntarle cuándo.
Sin exigirle que convierta su cansancio en una lección.
Hasta que un día, desde ese lugar en el que ya no queda nada que demostrar, puedas escucharla decir:
No me estaba perdiendo.
Estaba dejando de ser quien ya no podía seguir siendo. 🌙

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